domingo, 18 de noviembre de 2018

¿PREPARACIÓN O FORMACIÓN?






Uno de los temas que siempre ha llamado mi atención es la importancia que damos a la preparación académica de nuestros hijos.  Tácitamente, está por encima de todas las cosas lograr que cada uno de nuestros vástagos, alcance un título universitario; una carrera profesional que asegure, tanto  su futuro económico, como el de su familia. Logrado esto, ¡lo demás son historias sin final!
Sin embargo, está demostrado que esto es una simple teoría. Que muchos de los delincuentes no prontuariados, que pululan por las calles, poseen un título académico financiado por papi, pero ellos se dedican al consumo de alcohol, sexo y droga, sin control ni ley de ninguna especie.
Otros, por su parte, fieles al principio de la obediencia inducida a golpes y maltratos, estudiaron y alcanzaron el mismo título de papá, pero, como no era la carrera de sus sueños, están laborando de taxistas, peluqueros, cajeros o cualquier otros “mediocre” oficio, que llena más sus propias expectativas, permitiéndole ser él y no el monigote que la familia creara oportunamente.
No estamos teniendo en cuenta que nuestros hijos también son seres humanos. Que tienen derecho a su plena realización, y; que para ello, deben y tienen que ser ellos los que deciden su propio futuro. Cuando se sienten apoyados y respaldados, no vacilan en pedir y escuchar consejos que les ayuden a avizorar una meta cierta, pero a su gusto y medida. De manera tal que nadie los está obligando y per urgiendo de asistir a clases, cumplir con sus obligaciones y sacar buenas notas. Con satisfacción podemos ver que están empeñados en alcanzar sus metas y, por supuesto; con un poco de motivación y apoyo, lo lograrán.
Por otra parte, siempre queda aquello de la formación, un poco, cuando no del todo; en el aire. Pero; ¿Qué es formación? Nos preguntan las parejas en consulta. Es sin lugar a dudas, enseñarles a echar mano a las facultades propias que de sobra tienen. La autosufiencia, independencia, criterio, personalidad, autoestima, nunca estarán de más en cada una de las circunstancias de la vida y, las experiencias que están aporten, serán asimiladas con mayor madurez y aplomo, que quienes no han tenido la fortuna de ser formados en ninguno de los aspectos básicos citados.
Parece increíble que a estas alturas, los padres de familia no hayamos comprendido que no importa tanto que carrera deben cursar nuestros hijos, si no; que tan felices deben ser. Porque lo primero, tiene que ver directamente con el dinero que supuestamente proporcionará la gran carrera, y lo segundo, atañe directamente a la realización de cada uno de ellos en su vida privada y pública.
Pero; abundan los padres que están satisfechos de ver como sus hijos dan mala vida a su esposa e hijos, tal como él lo hizo; pero desde una perspectiva absolutamente diferente. La del aporte social y la del asocial propiamente dicho.
Una última frase: La toxicidad de la sociedad de hoy, es culpa de los padres de ayer.

Fraternalmente,
Jorge Enrique       




viernes, 2 de noviembre de 2018

¿EN DONDE ESTÁ EL PROBLEMA?


   

Tal vez la pregunta más importante en nuestra vida es justamente el título de este ensayo, si la aplicamos a nuestra vida en particular.
Estamos enterados desde hace siglos, que somos el Ser más importante sobre la tierra. Que somos portadores del alma divina, lo que nos hace imagen y semejanza de nuestro Creador. Que nacemos con una serie de atributos y poderes, como: intuición, telepatía, premonición, clariadiencia, clarividencia, don de la sanación por imposición de manos, y más. Pero; por tradición, sistemáticamente nuestros progenitores, profesores y dirigentes religiosos, se encargan de despojarnos de todos las maravillas, empeñados en convertirnos en borregos como lo han sido nuestros ancestros y sus ancestros. El sistema “Educativo” que es más bien absolutamente INDUCTIVO. Se limitan a destruir los dones que por derecho nos pertenecieron, y se nos dieron, no solo para lograr una vida plena, si no; para contribuir con el bienestar de la humanidad entera.  Y, sin lugar a duda alguna; es justamente por eso que los oscurantistas de marras, fraguaron el plan y el sistema “educativo” incipiente, repetitivo, arcaico, obtuso y totalmente deficiente. 
¿En dónde está el problema? En que lo hemos notado y no hemos hecho nada al respecto, no nos ha importado  lo más mínimo, y hemos aceptado plenamente los despropósitos de las llamadas “autoridades”. Una autoridad conferida por nosotros mismos, basada en los principios de sumisión y cobardía. Incapaces de protestar y levantar la voz más allá de casa, en las esquinas o en grupos de amigos y familiares, vamos por el mundo protestando por las injusticias, pero bajando la cerviz ante las mismas, y escondiéndonos bajo la cama cuando nuestra obligación es decir la verdad y acompañar en la marcha a los valientes.
Los textos inductivos siguen hablando de lo mismo, que estudiaron nuestros bisabuelos, se sigue estudiando a Colón, Marcopolo,  Bolívar y Napoleón.  Pero; de la conquista del espacio, física cuántica, Sumeria (la primera civilización real en el mundo, de cuyos anales se escribió la biblia), nada.
Hablamos de libertad y nos habla de ella un país cuyo símbolo justamente, es la estatua de la Libertad, no ha ofrecido luchar hasta el exterminio por conservarla incólume en cualquier país del mundo, pero; muy por el contrario ha impuesto su hegemonía a base de violencia, sangre y fuego; falsas banderas, terrorismo falso, falsas promesas, compras de consciencia, invasiones, con miles de bombas termonucleares en los patios de su casa y propugnado el desarme nuclear.
Terremotos, maremotos, clima inclemente, impuestos y creados con el HAARP, dominio mental con la misma estación, fumigación de los cielos con gases venenosos (chemtrails). Manipulación económica, préstamos a altísimos intereses, espionaje, intromisión política, xenofobia y mucho más.
¿En donde está el problema? Según la mayoría de los habitantes del planeta; en ninguna parte, todo lo relatado es lo normal. Es normal que se nos manipule, maltrate, esclavice, engañe. No existen problemas de ninguna categoría…
 ¿De qué se puede quejar el autor?

Fraternalmente,

Jorge Enrique