Uno de los temas que siempre ha llamado mi atención es la importancia
que damos a la preparación académica de nuestros hijos. Tácitamente, está por encima de todas las
cosas lograr que cada uno de nuestros vástagos, alcance un título universitario;
una carrera profesional que asegure, tanto su futuro económico, como el de su familia.
Logrado esto, ¡lo demás son historias sin final!
Sin embargo, está demostrado que esto es una simple teoría. Que muchos
de los delincuentes no prontuariados, que pululan por las calles, poseen un
título académico financiado por papi, pero ellos se dedican al consumo de alcohol,
sexo y droga, sin control ni ley de ninguna especie.
Otros, por su parte, fieles al principio de la obediencia inducida a
golpes y maltratos, estudiaron y alcanzaron el mismo título de papá, pero, como
no era la carrera de sus sueños, están laborando de taxistas, peluqueros,
cajeros o cualquier otros “mediocre” oficio, que llena más sus propias expectativas,
permitiéndole ser él y no el monigote que la familia creara oportunamente.
No estamos teniendo en cuenta que nuestros hijos también son seres
humanos. Que tienen derecho a su plena realización, y; que para ello, deben y
tienen que ser ellos los que deciden su propio futuro. Cuando se sienten
apoyados y respaldados, no vacilan en pedir y escuchar consejos que les ayuden a
avizorar una meta cierta, pero a su gusto y medida. De manera tal que nadie los
está obligando y per urgiendo de asistir a clases, cumplir con sus obligaciones
y sacar buenas notas. Con satisfacción podemos ver que están empeñados en
alcanzar sus metas y, por supuesto; con un poco de motivación y apoyo, lo
lograrán.
Por otra parte, siempre queda aquello de la formación, un poco, cuando
no del todo; en el aire. Pero; ¿Qué es formación? Nos preguntan las parejas en
consulta. Es sin lugar a dudas, enseñarles a echar mano a las facultades
propias que de sobra tienen. La autosufiencia, independencia, criterio,
personalidad, autoestima, nunca estarán de más en cada una de las circunstancias
de la vida y, las experiencias que están aporten, serán asimiladas con mayor madurez
y aplomo, que quienes no han tenido la fortuna de ser formados en ninguno de
los aspectos básicos citados.
Parece increíble que a estas alturas, los padres de familia no hayamos
comprendido que no importa tanto que carrera deben cursar nuestros hijos, si
no; que tan felices deben ser. Porque lo primero, tiene que ver directamente
con el dinero que supuestamente proporcionará la gran carrera, y lo segundo,
atañe directamente a la realización de cada uno de ellos en su vida privada y
pública.
Pero; abundan los padres que están satisfechos de ver como sus hijos dan
mala vida a su esposa e hijos, tal como él lo hizo; pero desde una perspectiva
absolutamente diferente. La del aporte social y la del asocial propiamente
dicho.
Una última frase: La toxicidad de la sociedad de hoy, es culpa de los
padres de ayer.
Fraternalmente,
Jorge Enrique

