Es de vital importancia recordar...
que para pelear, es indispensable reunir
un par de idiotas.
Por otra parte, se hace necesario reflexionar respecto al término más
incomprendido del planeta: COMPRENSIÓN.
La mayoría de los problemas entre los cónyuges, se dan “porque mi pareja
no me comprende” y, ¡tiene razón! Porque podemos estar seguros de que quien se
queja, tampoco comprende su carácter, actitudes, conflictos y emociones. ¿Y porque no se comprende? Por la sencilla razón de que nunca se ha
preguntado por qué es como es. Pero,
espera que su pareja y sus hijos le comprendan ¡al dedillo! Huelga explicar la incongruencia de dicho
razonamiento. Por lo tanto, para poder
solicitar comprensión, se hace absolutamente necesario poder explicar que es lo
que queremos que los demás nos comprendan y porqué.
Para establecer una relación sana y perdurable, es necesario conocer
por lo menos en un mínimo grado algo de psicología, ya que en todas las
relaciones y en todos los eventos de la sociedad, participa el hombre y éste se
mueve por lo que podríamos llamar impulsos emocionales (los más complejos) y psicológicos. Deducimos de esta simple fórmula, que si no
tenemos el más mínimo conocimiento del funcionamiento emocional o psicológico
de nuestra pareja, se hace casi imposible que nuestras relaciones sean
coherentes y agradables. Se sugiere la
necesidad de recordar continuamente que el parecido emocional y psicológico entre
el hombre y la mujer, podría ser el mismo que existe entre el cocodrilo y el
colibrí. Por lo se necesita una gran
dosis de responsabilidad, paciencia y sentido común, para poder acortar las
diferencias y concentrarse en construir con planificación, ya que la vieja
premisa de improvisación no ha funcionado en ningún hogar.
Por último, repasaremos el Yo masculino y femenino, ya que según el
párrafo anterior las diferencias son tan abismales, necesitamos un sistema que
nos permita conocer más profundamente a nuestra pareja.
El Yo masculino es absolutamente pensante y machista. En la mayoría de las veces lo encontramos
carente de sensibilidad, ternura y detalles.
Todo lo razona, todo lo piensa y, más de las veces ¡mete la pata! Habla
poco, no gusta de escuchar y le faltan años luz de evolución para atender una
queja o conversación sin interrumpir a cada minuto e imponer su verdad. Está
acostumbrado a que se le crea el Dios de la creación y rara vez escucha con
atención las “niñerías” de las que le habla su esposa. Grita, regaña, pega; luego se disculpa y después
quiere hacer el amor. Para él, el hecho
de haber pedido disculpas, lo arregla todo. Con un ya pedí disculpas o perdón,
creé que su mujer debe dar por desaparecidos todos sus exabruptos y entregarse
a él como la primera vez. Tal vez, el
recuerdo de los tiempos de las cavernas impere de forma natural y cierta en la
mentalidad masculina, pero; también es cierto que el más burdo de los machos, se puede convertir en un hombre
cabal, en el sentido de la palabra.
Por su parte el Yo femenino, es
toda emoción y sentimiento. La mujer está
llena de detalles, sensibilidad, ternura y una gran dosis de infantilidad
inconsciente, que la lleva a sufrir de una susceptibilidad extrema la más de
las veces. Gusta de hablar y comentar cuanto le sucede,
lo que la lleva a iniciar una importante conversación respecto a sus hijos por
ejemplo, y, terminar hablando del alto de la falda, el costo de la vida, el
alto precio de la cebolla, etc. Acostumbrada
e inducida por las leyes dictadas por la sociedad y la religión a ser sumisa,
agachar su servís frente a su marido, darle la razón aunque no la tenga, con el
objetivo de evitarle y evitarse un disgusto; llega al extremo de la aceptación
y al colmo del sacrificio aceptando ser usada sexualmente sin complacencias de
ninguna categoría, la mayoría de las veces casada con un eyaculador prematuro.
Aceptando en este tema uso y abuso, llegando a comprometer la salud de su
columna por aceptar una pose sexual que su esposo reclama como amo y señor.
Acepta hacer el amor después de una paliza, agresión verbal o
psicológica, y será capaz de vivir en un infierno que ella llamará hogar, por
el bienestar de sus hijos, que, a la larga se ven más afectados por vivir y
soportar los desmanes de su progenitor, que los que hubiera generado el vivir
separados del “rey del terror”.
Igualmente, en muchas ocasiones el hombre es abusado por la mujer,
psicológica, mental, emocional y sexualmente. Incluso existen aquellas que
exigen que se les haga el sexo tres o cuatro veces al día y, como para el
hombre es casi imposible soportar ese train y desgaste, se verá en serios
problemas, incluso de infidelidad aceptada.
En definitiva, los conflictos conyugales, se generan la mayoría de las
veces, por la falta de preparación de las parejas que reciben sendos cursos y
preparaciones para el matrimonio, son aconsejados por los padres, los amigos,
los abuelos y hasta por los futuros suegros, pero nadie les enseña a conocer
las profundas diferencias existentes entre la mujer (la Bella) y el hombre (la
Bestia). Nadie quiere hablar de ello, nadie quiere ser responsable de tocar
este tema en profundidad, tal vez porque nadie quiere que alguien alcance la
felicidad de la que ellos tampoco pudieron ser partícipes.
Fraternalmente,
Jorge Enrique

No hay comentarios:
Publicar un comentario