Los árboles en aquel lugar eran frondosos, brindaban
una agradable umbría, tan acogedora para Josh, que muchas veces permanecía días
enteros bajo aquella.
Su bondadosa madre
le iba a llamar para que acudiera a comer y se sorprendía de que nunca lo
encontraba durmiendo, a pesar de su pasividad y relativa quietud. Asistía a la
escuela a regañadientes y cada vez que tenía oportunidad, se escapaba hasta su
árbol como él le llamaba, y quienes lo contemplaban, le veían entrar en una
especie de trance y casi, alzar el vuelo.
Los comentarios en la aldea no se hicieron esperar
(¡faltaba más!), las buenas y las malas lenguas, que siempre son difíciles de
distinguir; hablaban de la beatitud del muchacho, de sus innegables recursos de
profunda meditación, de los cambios de conducta que supuestamente tenía y de la
luz blanquecina que doña Josefa juraba, le había visto a su alrededor. Don Venancio el herrero, aseguraba que un
atardecer le había visto suspendido sobre el piso; mientras a su alrededor se
veían figuras casi transparentes con alas, que lo circundaban…
De pronto; sin querer, como suceden la mayoría de las
cosas, la vida del chaval cambió diametralmente. Con ojos casi atónitos y el corazón
participando en los cien metros planos; ¡todos le amaban! ¡todos le sonreían y
lo que es más… le ofrecían ora caramelos, ora; budín, galletas, avena y hasta
ropa nueva…
Sin querer (¡por supuesto!), las mujeres sin distingo
de edad se le acercaban y, como quien no quiere la cosa, le hacían preguntas
extrañas que Josh respondía unas veces,
sin siquiera pensarlo y otras después de meditarlas días enteros, lo cual
desesperaba a la interesada que daba vueltas a su alrededor como mosca tras la
miel. Haciendo un poco de historia, Doña
Eulalia había sido la primera en preguntarle melosamente; “¿Crees tu que la
cría de la vaca Lulú será hembra o macho?”, El chaval sin pensarlo contestó
-Ternera por supuesto. Al alba Lulú
paría una bella y juguetona ternerita.
La noticia corrió como pólvora y las consultas llovieron sobre Josh.
¿Descubrirá mi mujer que la traiciono? ¿Podré apropiarme de la fortuna de
Pepita? ¿El obispo notará que le robo?¿Si me acuesto con el maestro, me pasará
de año? ¿Me sanaré?¿Me dejará mi marido? ¿Quien es el padre del hijo que
espero? ¿Qué me conviene estudiar? ¿Debo decirle sí a Mario? ¿Me irá bien el
viaje? Etc., etc.,etc.
Las estadísticas, suelen ser enemigas de los humanos,
y, para no variar la regla, cayeron como meteoros sobre el chico. Esa mañana, (nunca le importó como se llamaba
el día en que vivía, después que probó llamando a los días durante un mes y
ninguno le respondió), lo despertó un terrible barullo, gritos, aullidos,
llanto, perjurios, maldiciones e improperios se vertían a millares surgir, los ladridos de los perros completaban el
maremagnum. Curioso, asomó la cabeza por
la ventana… una decena de objetos hicieron blanco en su rostro; asustado, corrió hacia su madre, en el momento mismo en
que ella entraba a buscarlo; abrazados, caminaban juntos hacia la puerta que
amenazaba con venirse abajo, mientras lo bombardeaba con preguntas ¿Qué has
hecho, qué paso? ¿Te has robado algo? ¿Faltaste el respeto a alguien? Todas las preguntas recibieron un no por
respuesta y desconcertados ambos, abrieron la puerta de par en par. Delante de ella estaba el alguacil con dos de
sus ayudantes, los ancianos y ancianas, los hombres adultos, los más jóvenes a
continuación, luego las mujeres y por último una multitud de chamacos que
hacían más alharaca que una piara de cerdos amarrados. Tronó un disparo, por arte de magia, un
silencio sepulcral se hizo entre la multitud, el alguacil con el revolver
humeante, tronó ¡¡Todo el mundo haga silenciooo!! y volviéndose al chaval le
espetó, Josh, se te acusa de haber engañado a la mayoría de las personas respetables
del pueblo, de mentirles, de sonsacarles comida y efectos personales a cambio
de malhadadas profecías, y, debes saber
que eso se llama estafa y se te juzgará por ello. ¿Tienes algo que decir a tu
favor chaval?
El sonido de las hormigas al andar por la tierra de la
aldea se hizo audible, la multitud contuvo la respiración hasta ponerse azul…
se escucho la débil voz del chico y todo volvió a la normalidad, la salida del
aire de los concurrentes pareció un resoplido de una locomotora a punto de partir,
y un leve murmullo recorrió sus gargantas cuando Josh comenzó a decir: “Señor,
no he hecho otra cosa que responder según mi modo de pensar, a cada una de las
tontas, absurdas, inteligentes, peligrosas y condenatorias preguntas que me
hicieron las personas de la aldea” Un murmullo de desaprobación salió de las
gargantas de la multitud, pero no cobró vida, porque el muchacho continuó…
“Jamás ofrecí, mis servicios para contestar o aclarar algo, simplemente, de
pronto, sin saber porqué, la gente adulta del pueblo, me hizo sentir
importante, regalándome cosas que nunca pedí e incluso varias de esas personas
me trajeron hasta mi casa, cosas que no quise recibir en el momento en que me
fueron ofrecidas, pero prácticamente fui obligado a tomarlas”
El alguacil se pasó la mano por la cara, se arregló
los bigotes y refunfuñó -¿Y, puedes decirme de donde sacaste la idea de que
eras adivino o profeta? Un murmullo de aprobación salio de las resecas
gargantas de los habitantes del polvoroso pueblo mientras muchos afirmaban con
la cabeza. Josh respondió; “Creo que
usted me conoce desde que nací e igualmente los habitantes del pueblo, sin
embargo, pese a ser quien soy o quien he llegado a ser, nunca he creído o
fungido de profeta” Tomo un sorbo de
agua que le ofreció su madre y continuo, mientras la muchedumbre se apretaba
para escucharlo, “Si busca usted un algún culpable, solo tiene que mirar detrás
de usted” Un rugido como de diez leones hambrientos llenó el ambiente, el
alguacil llevó su mano a la revolver y la muchedumbre se silencio como por
milagro. “A lo largo de la historia, la
humanidad ha buscado quien le dirija o marque su camino, ha buscado repito
dentro de las personas comunes, una que destaque o que exprese que posee dones
especiales, para entregarle su alma, su destino, su dignidad” “Pletóricos de
ignorancia, creen que un mortal como ellos, puede señalarles el camino por el
que deben transitar, cómo deben hacerlo, de que manera deben ir preparados y a
que paso deben transitarlo” “Por eso,
como le consta hoy a usted, estos adultos, ancianos y jóvenes acudieron a mí en
busca de las respuestas que ellos mismos estaban obligados a encontrar,
desvelar los misterios que ellos tenían la obligación de resolver, pero no se
sintieron capaces de hacerlo por si mismos”
Las personas se iban retirando furtivamente, caminando
de puntillas para que nadie detectara su fuga.
“Estoy dispuesto señor a acompañarlo a donde usted
guste y a responder ante quien usted desee, de mi mismo, pero no podré
responder por los demás, ellos han sido dueños de sus actos como yo de los
míos, por lo que de acuerdo a lo que dice la ley aunque no se aplique, que cada
quien responda por si mismo y se declare inocente o culpable de su propia
ignorancia y cobardía para enfrentar las experiencias, vicisitudes y alegrías
de la vida”
El chaval se silenció, el alguacil, volvió su mirada
hacia atrás, viendo que una especie de desierto se extendía a sus espaldas.
Fraternalmente,
Jorge Enrique

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