Los
ruidos de gente acercándose llamaron su atención. Vio venir un grupo de
personas precedidas por el anciano de la aldea y un hombre que, con paso
majestuoso, caminaba junto a él...
Pensó
que aquello no le competía, y volvió a lo suyo, que normalmente era no hacer
nada -según los demás-. Pero, alguien
pronunciaba su nombre en voz alta, Josh!!! Josh!!! Gritaba el anciano mientras
llegaba hasta él; ¡Reverencia al maestro que nos honra con su visita y pide que
le guíes por la región! Cansinamente se puso de pie, hizo una pequeña venía con
la cabeza al anciano y, mirando de frente al hombre que llamaban maestro,
preguntó “¿Por qué quiere vuestra persona recorrer esta peligrosa región?”, el
maestro mirando fijamente a los ojos del guía, respondió, -Por asuntos que
competen a la humanidad y que de nada serviría explicártelos- “Si quisieras intentarlo...”, replicó el
joven; el maestro con el rostro alterado y alzando la voz replicó; -¿Sabes algo
de Tai-chi, Yoga, Reiki, meditación o metafísica?-, Sin pensarlo, el joven
respondió que no, entonces el maestro levantando la voz para que todo el grupo
oyera dijo sentenciosamente: -¡¿Sabías que por ignorar estas disciplinas mistificantes, has perdido la
mitad de tu vida?!- El joven hundió la
cabeza entre sus hombros, sintiéndose por primera vez, menos de lo que pensaba
que era. Un maestro, acababa de mostrarle con meridiana claridad lo poco que sabía del arte de vivir y esta
verdad, genero cierto desconsuelo en lo profundo de su ser. Se limpió el lugar,
se levantó la tienda del maestro -que era el único que tenía- y cobijados por
una miríada de rutilantes estrellas, concibieron el reparador sueño.
Al
rayar el alba, el joven estaba dispuesto para la marcha y caminaba por los
alrededores del improvisado campamento, haciendo sonar las hojas secas de los
árboles, una voz ronca y estruendosa salió de la tienda… -¡Deja de hacer ruido
y respeta el sueño ajeno muchacho!- Frenó en seco, allí mismo, se acuclilló con
el máximo de cuidado y se puso a pensar, porque no pensaba en nada cuando
intentaba pensar. A las ocho, apareció
el visitante lujosamente vestido y pidió que se le sirviera el desayuno. El anciano que se desvivía por servirlo,
ordenó a la improvisada comitiva que fuera servido el señor y, mientras este
consumía la ración de un día para aldea, sus acompañantes desayunaban con una
manzana, que comían masticando lentamente…
Se
despidieron de la gente que cargaba como mula al guía, con los efectos
personales del maestro; e iniciaron la penosa marcha. Penosa para el joven que
no estaba acostumbrado a cargar ni siquiera sus propias penas porque carecía de
ellas y para el maestro, porque nunca había caminado en subida tan largo y escarpado
trecho, por sitios en donde la huella del hombre aún no había marcado el
sendero que conduce a alguna parte. A
medio día fatigados por el ascenso y el
calor solar del que el maestro renegaba y Josh disfrutaba, alcanzaron la
cumbre, desde donde se contemplaba un majestuoso paisaje. Miles de árboles
creciendo a discreción, unos más grades que otros, pequeños valles cercados
como fortalezas por aquellos y, en el fondo, un caudaloso y serpenteante río.
“Mira que bello panorama maestro” comentó el guía, este revolviéndose nervioso
debajo de su parasol, espetó; -¡Dame agua mozo y olvídate del paisaje!-,
velozmente el joven cumplió la orden y, mientras bebían ambos, el maestro
preguntó: -¿Cuantos metros de altura sobre el nivel del mar tiene esta montaña?-,
Josh sorprendido replicó, “¿metros?” “¿nivel del mar?” “¿qué cosas son estas
maestro?”. El maestro lo miró despectivamente mientras le preguntaba -¿Ignoras
acaso la geografía y la matemática muchacho?-, el joven avergonzado miró al
sabio mientras alzaba los hombros a manera de explicación. El visitante elevó
su voz -Pero; ¡¿cómo es posible, muchacho que ignores las cosas básicas de la
vida?!- -Haz de saber- prosiguió el científico, -¡que has perdido la tercera
parte de tu vida al ignorar estas materias!-
Josh quedó petrificado. Por ignorar el
misticismo, había perdido la mitad de su vida y, ahora la tercera parte por no
saber esas dos “cosas” que nombraba el sabio… “Tal vez he vivido en vano”
reflexionó. El llamado del maestro
pidiendo su almuerzo le saco de su abstracción y voló a servir a tan sabio ser,
con la máxima prolijidad. Consumieron su ración cada uno, a saber: el sabio su
banquete y el ignorante su manzana…
Reiniciaron
la marcha, mientras caminaban, Josh respondía con monosílabos las explicaciones
del maestro respecto a cuanto botánica, entomología, flora y fauna se refería,
su ignorancia le agobiaba…
Después
de varios días de marcha, un majestuoso y caudaloso río apareció ante ellos.
“Para llegar a las minas maestro, tenemos que atravesar el río en balsa” dijo
el joven. -¡Pues a toda prisa, no puedo
esperar, el tiempo no se puede perder por nada del mundo, es el tesoro más
valioso de la vida!- replicó el sabio.
Casi en un abrir y cerrar de ojos, una imponente balsa fabricada por el guía
flotaba sobre las aguas, meciéndose al vaivén de las olas, con todos los
efectos del científico-sabio y maestro a bordo.
Subieron a ella e iniciaron la travesía.
De pronto, un enorme tronco arrastrado por la poderosa corriente golpeó fatalmente la balsa, los maderos
crujieron y la inercia -asunto físico que por supuesto también desconocía
nuestro guía- los lanzó violentamente al agua. Josh, partió hacia la orilla
nadando con la pericia y velocidad de un pez, llegando a ella, escuchó la voz
del maestro que el ruido de las aguas intentaba opacar… -¡AUXILIO, SOCORRO,
BUEN HOMBRE AYUDAMEEE!!!
Josh, midió sus fuerzas y comprendió que cualquier
intento de salvar al sabio representaría la muerte de ambos, entonces poniendo
sus manos como bocina, gritó con todas sus fuerzas “¡Nadaaaaa maestroooooo!”
-¡No se nadaaarrrr!_ respondió el sabio. El guía razonó sólo un segundo la
imposibilidad del rescate, entonces; gritó; “¡Maestro, pues ahí perdió usted
toodaa su vidaaa!”...
Fraternalmente,
Jorge
Enrique



aveces...el sentirnos ignorantes...nos hace creer que somos poca cosa ...pero hay otras cosas ke tambien deberi'amos saber,,,como salvar nuestras vidas....¡¡.
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