Según hemos podido
observar, aquello de la igualdad
de derechos femeninos, va tomando un rumbo un
tanto escabroso. Se diluye diríamos, la
esencia de la cuestión con “recovecos” políticos que las féminas han aceptado
sin darse siquiera cuenta de la burda trampa que le tiende la sociedad
machista.
La plataforma de la
“lucha” por la igualdad de derechos femeninos, se basa o basaba –según se mire- en lograr que
las cosas en el ambiente familiar, social, laboral, político, económico, y
religioso, fueran equitativas, parejas, iguales. Uno de los slogans utilizados
inicialmente era “A trabajo igual, salario igual”, que nos deja clara la meta
trazada y el cuerpo de la propuesta. Sin
embargo; el pensamiento masculino, generalmente insidioso respecto a este tema en
particular, ideó una serie de estrategias que atenúen los caldeados ánimos
femeninos y la vez retrasen la mayor cantidad de tiempo, sus expectativas.
En primera instancia,
después de haber alcanzado el derecho al voto, se les concedió una mínima
participación en la política; con la cual, hasta ahora se conforman y aceptan
como gran conquista?!. Por otra parte, en lo que parece ser más bien una
tomadura de pelo, una burla tipificada, el llamado “Igualdad de Género” no es
otra cosa que un caramelo agridulce que de nuevo han aceptado complacidas las
reclamantes.
¿Cómo es posible que
alguien sobre el planeta sea del sexo que fuere se sienta satisfecho de ver
degradado el lenguaje, y ostente con orgullo o complacencia el título de
Concejala, Médica, Caba, Sargenta, Tenienta, Pacienta, Jueza, Pilota y decenas
de aberraciones por el estilo? ¿Podemos llamar a esto logros en materia de
igualdad de derechos y género? ¿Qué nombre le pondría la ya prostituida madre
lengua a este galimatías? Quienes de una u otra manera aprendimos a expresarnos
en el más bello de los lenguajes, el
Castellano y después en Español clásico, aún no podemos comprender como,
personas que se dicen doctas y se hacen llamar como tal, acepten denigrar el lenguaje. Y. . . ¡menos aún podemos comprender, cómo la
mujer acepta de buena gana estos aparentes títulos de señorío, ¡a tal les
suenan!
Desde temprana edad
hemos sostenido una teoría compleja respecto a la humanidad como masa. La
aceptación plena de cualquier absurdo, simplemente porque la prensa, un crítico
–aparecido de no sabemos dónde- y hoy en día la televisión califiquen como
“bueno, arte, maravilla” cualquier cosa -de cosificar-. Bueno, imaginamos que
Pablo Picasso, después de haber pintado verdaderas obras maestras y, con el
excelente sentido del humor que le caracterizaba, decidió tomar del pelo a unos
cuantos “sabiondos” y pintó en forma –según su propia expresión-Cubista, allá
por 1912, un horroroso cuadro ante el que se inclinaron, aplaudieron, y desde
entonces, rindieron culto a la ¡descomposición del arte!
De igual manera hoy,
aplauden a rabiar aquellas que se aglutinan bajo la bandera de la “Lucha por la
Igualdad de Derechos y Género, ante el despropósito, la burla y el “manoseo” de
sus justas pero rectas -al menos así deberían pensar- reclamaciones.
Fraternalmente,
Jorge Enrique

Criterio, 100% respetable, falaz, ambíguo y machista.
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