miércoles, 22 de febrero de 2017

¿IGUALDAD DE DERECHOS O DE GÉNERO?

Según hemos podido observar, aquello de la igualdad



de derechos femeninos, va tomando un rumbo un tanto escabroso.  Se diluye diríamos, la esencia de la cuestión con “recovecos” políticos que las féminas han aceptado sin darse siquiera cuenta de la burda trampa que le tiende la sociedad machista. 
La plataforma de la “lucha” por la igualdad de derechos femeninos, se  basa o basaba –según se mire- en lograr que las cosas en el ambiente familiar, social, laboral, político, económico, y religioso, fueran equitativas, parejas, iguales. Uno de los slogans utilizados inicialmente era “A trabajo igual, salario igual”, que nos deja clara la meta trazada y el cuerpo de la propuesta.  Sin embargo; el pensamiento masculino, generalmente insidioso respecto a este tema en particular, ideó una serie de estrategias que atenúen los caldeados ánimos femeninos y la vez retrasen la mayor cantidad de tiempo, sus expectativas.
En primera instancia, después de haber alcanzado el derecho al voto, se les concedió una mínima participación en la política; con la cual, hasta ahora se conforman y aceptan como gran conquista?!. Por otra parte, en lo que parece ser más bien una tomadura de pelo, una burla tipificada, el llamado “Igualdad de Género” no es otra cosa que un caramelo agridulce que de nuevo han aceptado complacidas las reclamantes.
¿Cómo es posible que alguien sobre el planeta sea del sexo que fuere se sienta satisfecho de ver degradado el lenguaje, y ostente con orgullo o complacencia el título de Concejala, Médica, Caba, Sargenta, Tenienta, Pacienta, Jueza, Pilota y decenas de aberraciones por el estilo? ¿Podemos llamar a esto logros en materia de igualdad de derechos y género? ¿Qué nombre le pondría la ya prostituida madre lengua a este galimatías? Quienes de una u otra manera aprendimos a expresarnos en el  más bello de los lenguajes, el Castellano y después en Español clásico, aún no podemos comprender como, personas que se dicen doctas y se hacen llamar como tal, acepten denigrar el lenguaje.  Y. . . ¡menos aún podemos comprender, cómo la mujer acepta de buena gana estos aparentes títulos de señorío, ¡a tal les suenan!
Desde temprana edad hemos sostenido una teoría compleja respecto a la humanidad como masa. La aceptación plena de cualquier absurdo, simplemente porque la prensa, un crítico –aparecido de no sabemos dónde- y hoy en día la televisión califiquen como “bueno, arte, maravilla” cualquier cosa -de cosificar-. Bueno, imaginamos que Pablo Picasso, después de haber pintado verdaderas obras maestras y, con el excelente sentido del humor que le caracterizaba, decidió tomar del pelo a unos cuantos “sabiondos” y pintó en forma –según su propia expresión-Cubista, allá por 1912, un horroroso cuadro ante el que se inclinaron, aplaudieron, y desde entonces, rindieron culto a la ¡descomposición del arte!
De igual manera hoy, aplauden a rabiar aquellas que se aglutinan bajo la bandera de la “Lucha por la Igualdad de Derechos y Género, ante el despropósito, la burla y el “manoseo” de sus justas pero rectas -al menos así deberían pensar- reclamaciones.

Fraternalmente,

Jorge Enrique 

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