(Cualquier
parecido a la vida de otras personas reales o ficticias, es pura
coincidencia)
Genios!
Sin lugar a dudas, al nacer somos genios. El “recuerdo”
celestial, la razón de Ser, todas las facultades mentales, cerebro
funcionando al 100% de su capacidad, los ojos de la mente y de la
cara abiertos de par en par.
Descubridores,
conquistadores, observadores intuitivos, identificando a través de
nuestros superlativos sentidos la vida física a nuestro alrededor,
percibiendo la materia y el mundo espiritual al tiempo. ¡Pudimos ver
a nuestros progenitores y a sus ángeles al mismo tiempo! Vimos
danzar a los espíritus de nuestros antepasados a nuestro alrededor y
no logramos recordar hoy, cuantas veces nuestra bisabuela, y nuestros
“desaparecidos” -para los ojos de los humanos- parientes,
vinieron a acompañarnos en las oscuras noches del planeta tierra, a
jugar con nosotros, a consolarnos, a felicitarnos por la valentía de
reencarnar en el planeta de las pruebas, la experiencia y la
evolución.
Crecí
y, como grabada a fuego por un hierro candente mis padres y parientes
imprimieron en mi psiquis la más limitantes de todas las expresiones
¡NO! Intente, -como todos- descubrir, conocer, experimentar, tocar
-al margen de percibir- la cantidad de objetos más valiosos que mi
persona, que abarrotaban la casa. Aseguro que más valiosos que Yo,
porque por tocarlos, maltratarlos, romperlos o llevármelos a la
boca, ¡fui maltratado verbal y físicamente! A partir de allí, las
castraciones.
Cuando
aseguré ver un ser alado al lado de mi hermano, o la viejecita
bondadosa sonríendome entre las espigas del trigo, me trataron de
loco, y cuando relaté en el comedor a la hora del desayuno, que
seres espectaculares vinieron por mi a través de la ventana y me
condujeron en gratuito tour por el espacio sideral, me llamaron
mentiroso y me mandaron a mi habitación como castigo. ¡Y llegó
como fantasma oscuro, la hora de las más “vitales enseñanzas”
Un hombre más pequeño que Yo clavado a un madero -todo de yeso- o,
pintado en un retablo, tenía que convertirse en mi Dios, porque era
el Dios de mis padres. Al pasar frente a unas estatuas de “santos”
-ignoré que quería decir santo hasta los once años- tenía que
hacer una serie de signos cabalísticos y pronunciar unas palabras
que parecían conjuros por la entonación que daban a su voz los
mayores cuando hacían algo llamado rezar.
Y...
¿qué decir de unos monstruos llamados pecados que estaban por todas
partes por donde transitara y muy especialmente en mis genitales?
TODO cuanto violaba en algún sentido las reglas que mis abuelos
habían impuesto a mis padres era... ¡¡¡PECADO!!! Por comerme una
parte del pastel de mi abuela y por explorar mis partes íntimas me
amenazaron con cortarme los dedos y me advirtieron que ya ¡estaba
condenado al infierno!, y me decretaron el infierno. Un sitio que
Dios -según me decían, el papá del crucificado- había decorado en
persona con miles de hornos que contenían otros miles de niños
malos como Yo, quemándose por los siglos de los siglos mientras
nuestros familiares consumían bebidas alcohólicas a raudales,
fornicaban al destajo, fustigaban a los caballos en que galopaban y
clavaban varas en los bueyes o los burros que bonachonamente cargaban
la cosecha hacia los establos, la arrancaban a golpes contra sus
enemigos, robaban el licor del viejo Manuel -lo cuál era motivo de
grandes carcajadas-, le levantaban las polleras a Ana y se lanzaban
sobre ella como tratando de asfixiarla -boca contra boca- mientras
hacían unos movimientos parecidos a las convulsiones, salían una
especie de estertores agónicos de sus bocas y respiraban como
caballos de carreras. Cuando descubrían que Yo, los miraba, me
asestaban un papirotazo en la oreja, me arrojaban algún objeto
contundente a la cara la cara y una vez me “gané” por mi culpa
obviamente un planazo a toda regla en la espalda, por mirar aquellas
cosas que ellos hacían a la intemperie¿¿??!!.
Pero;
el día que le dije a mi hermana Dasha que cada vez que veía las
piernas desnudas (en ese entonces se usaban las polleras largas más
comúnmente) de mi compañera y novia de escuela; le pasaba algo
extraño a mi (pene), me gane unos cuantos garrotazos y otra caldera
en el infierno Made in Dios.
Lo
de los vecinos era de los vecinos y lo que pertenecía a uno de mis
hermanos era exclusivamente de él y de nadie más. Por lo tanto, lo
mío era mío y punto. Las pertenencias se defienden a golpes, y, se
debe dar la vida por “conservar lo que es tuyo” bien vale la
pena¡¿?!. La guerras en lugares remotos, no nos afectaban porque
no nos alcanzaban sus consecuencias. (¡¡Que alegría!!) Si alguien
te golpeaba en la escuela o la academia más tarde, tenías que
romperle la cara para limpiar tu honor y demostrar tu hombría sin
importar la edad que tuvieras. Existían unas cosas llamadas
fronteras que nadie veía o sabía exactamente donde estaban, pero si
por casualidad cruzabas aquella imaginaria línea, los habitantes del
país vecino te disparaban, te apresaban y hasta te torturaban por,
supongo, “abuso de confianza”
Así
crecí, aprendiendo que los humanos nos clasificamos en Yo, tu, él.
Que existen varias razas y que a algunas de ellas hay que odiarlas o
segregarlas porque no merecen lo que nosotros los de aquí; tenemos!
Que el adinerado manda y el pobre agacha la cerviz, que el uniformado
puede golpearte o humillarte sin tener que rendir cuentas a nadie.
Que las mujeres son el sexo débil y están obligadas a servir a los
hombres de cuya costilla salieron. Si no hubiéramos tenido
costillas; ¡¡marchamos!! y según parece muchos hombres se han
sacado más de una costilla, razón por la cual, hay más mujeres que
hombres en el mundo ¡Vaya sabiduría masculina! Contamos con stock
por si las moscas...
Uno
de mis instructores, contó en clase que había aproximadamente 3.500
religiones en el mundo, cuyos credos se diferenciaba notablemente en
ciertos casos y otros no tanto, pero, ¡eso sí! Que tratándose de
Dios, los que tenían otro credo o manera de expresar sus creencia,
había que considerarlos como ¡enemigos!
En
ese mundo, el medio en que crecimos casi todos, pero; que todos
negamos; estuve inmerso por casi veinte años, hasta que un buen día
(para mi), una especie de anacoreta español -de Castilla- que
rondaba por los alrededores; y con el que era pecado mortal cruzar
palabra, se cruzó en mi camino. No contento con perfeccionar mi
idioma, me contó que existía UN SOLO DIOS, que los hombres habían
creado la división religiosa y dogmática para alcanzar el poder,
dominar, esclavizar y explotar a la mayoría que carecían de uso de
la razón gracias a las castraciones de marras, realizadas por sus
progenitores, maestros y sacerdotes. Me sugirió investigar respecto
a Escuelas escolásticas, maestros, guías, canalizadores,
sacerdotes, místicos, magos, extraterrestres, ultraterrestres, razas
superiores y demás; para que pudiera darme cuenta cómo, de esta
manera, y por estos medios, se lograba alejar cada día un poquito
más a la humanidad, de su verdadero Origen, de su verdadero Ser, de
su único Creador.
Comprendí
años después, una vez concluida mi ardua investigación, que aquel
Creador Principal está en todo cuanto existe. Comprendí la máxima
de los Iniciados: “El Todo es todo cuanto existe y todo cuanto
existe, reside en el Todo” Comprendí, que la imagen y semejanza
NO está en la piel o en la parte humana, si no; en su interior. Su
alma es una porción de ese maravilloso Creador, por eso es eterna,
incorruptible, lumínica... Pero la humanidad, se niega a desaprender
y muchas veces dueña del conocimiento, insiste en Dividir, en
señalar un camino hacia afuera, un guía externo, una esperanza
foránea, un salvador moderno, un sistema nuevo, que, permite
encontrar la sabiduría, la fuente de la verdad y de la luz, ¡lejos
de ti! Y, dicho está que el Padre y Tu son ¡UNO solo!
Mientras
buscamos la realización, las aguas lustrales, la salvación,
evolucionar, trascender la materia lejos de nosotros mismos,
PIERDEMOS NUESTRO TIEMPO.
Te
conmino a aprehender esta enseñanza que hoy llega sin costo (una
ganga!!) a tí... Entre el Padre y Tu NO existen intermediarios,
tramitadores, traductores ni puentes.
El
Único medio para llegar a él, está Dentro de Tí, humano portador
de alma!!
Fraternalmente,
Jorge
Enrique

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