domingo, 5 de marzo de 2017

REMINISCENCIAS


(Cualquier parecido a la vida de otras personas reales o ficticias, es pura coincidencia)



Genios! Sin lugar a dudas, al nacer somos genios. El “recuerdo” celestial, la razón de Ser, todas las facultades mentales, cerebro funcionando al 100% de su capacidad, los ojos de la mente y de la cara abiertos de par en par.

Descubridores, conquistadores, observadores intuitivos, identificando a través de nuestros superlativos sentidos la vida física a nuestro alrededor, percibiendo la materia y el mundo espiritual al tiempo. ¡Pudimos ver a nuestros progenitores y a sus ángeles al mismo tiempo! Vimos danzar a los espíritus de nuestros antepasados a nuestro alrededor y no logramos recordar hoy, cuantas veces nuestra bisabuela, y nuestros “desaparecidos” -para los ojos de los humanos- parientes, vinieron a acompañarnos en las oscuras noches del planeta tierra, a jugar con nosotros, a consolarnos, a felicitarnos por la valentía de reencarnar en el planeta de las pruebas, la experiencia y la evolución.

Crecí y, como grabada a fuego por un hierro candente mis padres y parientes imprimieron en mi psiquis la más limitantes de todas las expresiones ¡NO! Intente, -como todos- descubrir, conocer, experimentar, tocar -al margen de percibir- la cantidad de objetos más valiosos que mi persona, que abarrotaban la casa. Aseguro que más valiosos que Yo, porque por tocarlos, maltratarlos, romperlos o llevármelos a la boca, ¡fui maltratado verbal y físicamente! A partir de allí, las castraciones.

Cuando aseguré ver un ser alado al lado de mi hermano, o la viejecita bondadosa sonríendome entre las espigas del trigo, me trataron de loco, y cuando relaté en el comedor a la hora del desayuno, que seres espectaculares vinieron por mi a través de la ventana y me condujeron en gratuito tour por el espacio sideral, me llamaron mentiroso y me mandaron a mi habitación como castigo. ¡Y llegó como fantasma oscuro, la hora de las más “vitales enseñanzas” Un hombre más pequeño que Yo clavado a un madero -todo de yeso- o, pintado en un retablo, tenía que convertirse en mi Dios, porque era el Dios de mis padres. Al pasar frente a unas estatuas de “santos” -ignoré que quería decir santo hasta los once años- tenía que hacer una serie de signos cabalísticos y pronunciar unas palabras que parecían conjuros por la entonación que daban a su voz los mayores cuando hacían algo llamado rezar.

Y... ¿qué decir de unos monstruos llamados pecados que estaban por todas partes por donde transitara y muy especialmente en mis genitales? TODO cuanto violaba en algún sentido las reglas que mis abuelos habían impuesto a mis padres era... ¡¡¡PECADO!!! Por comerme una parte del pastel de mi abuela y por explorar mis partes íntimas me amenazaron con cortarme los dedos y me advirtieron que ya ¡estaba condenado al infierno!, y me decretaron el infierno. Un sitio que Dios -según me decían, el papá del crucificado- había decorado en persona con miles de hornos que contenían otros miles de niños malos como Yo, quemándose por los siglos de los siglos mientras nuestros familiares consumían bebidas alcohólicas a raudales, fornicaban al destajo, fustigaban a los caballos en que galopaban y clavaban varas en los bueyes o los burros que bonachonamente cargaban la cosecha hacia los establos, la arrancaban a golpes contra sus enemigos, robaban el licor del viejo Manuel -lo cuál era motivo de grandes carcajadas-, le levantaban las polleras a Ana y se lanzaban sobre ella como tratando de asfixiarla -boca contra boca- mientras hacían unos movimientos parecidos a las convulsiones, salían una especie de estertores agónicos de sus bocas y respiraban como caballos de carreras. Cuando descubrían que Yo, los miraba, me asestaban un papirotazo en la oreja, me arrojaban algún objeto contundente a la cara la cara y una vez me “gané” por mi culpa obviamente un planazo a toda regla en la espalda, por mirar aquellas cosas que ellos hacían a la intemperie¿¿??!!.

Pero; el día que le dije a mi hermana Dasha que cada vez que veía las piernas desnudas (en ese entonces se usaban las polleras largas más comúnmente) de mi compañera y novia de escuela; le pasaba algo extraño a mi (pene), me gane unos cuantos garrotazos y otra caldera en el infierno Made in Dios.

Lo de los vecinos era de los vecinos y lo que pertenecía a uno de mis hermanos era exclusivamente de él y de nadie más. Por lo tanto, lo mío era mío y punto. Las pertenencias se defienden a golpes, y, se debe dar la vida por “conservar lo que es tuyo” bien vale la pena¡¿?!. La guerras en lugares remotos, no nos afectaban porque no nos alcanzaban sus consecuencias. (¡¡Que alegría!!) Si alguien te golpeaba en la escuela o la academia más tarde, tenías que romperle la cara para limpiar tu honor y demostrar tu hombría sin importar la edad que tuvieras. Existían unas cosas llamadas fronteras que nadie veía o sabía exactamente donde estaban, pero si por casualidad cruzabas aquella imaginaria línea, los habitantes del país vecino te disparaban, te apresaban y hasta te torturaban por, supongo, “abuso de confianza”

Así crecí, aprendiendo que los humanos nos clasificamos en Yo, tu, él. Que existen varias razas y que a algunas de ellas hay que odiarlas o segregarlas porque no merecen lo que nosotros los de aquí; tenemos! Que el adinerado manda y el pobre agacha la cerviz, que el uniformado puede golpearte o humillarte sin tener que rendir cuentas a nadie. Que las mujeres son el sexo débil y están obligadas a servir a los hombres de cuya costilla salieron. Si no hubiéramos tenido costillas; ¡¡marchamos!! y según parece muchos hombres se han sacado más de una costilla, razón por la cual, hay más mujeres que hombres en el mundo ¡Vaya sabiduría masculina! Contamos con stock por si las moscas...

Uno de mis instructores, contó en clase que había aproximadamente 3.500 religiones en el mundo, cuyos credos se diferenciaba notablemente en ciertos casos y otros no tanto, pero, ¡eso sí! Que tratándose de Dios, los que tenían otro credo o manera de expresar sus creencia, había que considerarlos como ¡enemigos!

En ese mundo, el medio en que crecimos casi todos, pero; que todos negamos; estuve inmerso por casi veinte años, hasta que un buen día (para mi), una especie de anacoreta español -de Castilla- que rondaba por los alrededores; y con el que era pecado mortal cruzar palabra, se cruzó en mi camino. No contento con perfeccionar mi idioma, me contó que existía UN SOLO DIOS, que los hombres habían creado la división religiosa y dogmática para alcanzar el poder, dominar, esclavizar y explotar a la mayoría que carecían de uso de la razón gracias a las castraciones de marras, realizadas por sus progenitores, maestros y sacerdotes. Me sugirió investigar respecto a Escuelas escolásticas, maestros, guías, canalizadores, sacerdotes, místicos, magos, extraterrestres, ultraterrestres, razas superiores y demás; para que pudiera darme cuenta cómo, de esta manera, y por estos medios, se lograba alejar cada día un poquito más a la humanidad, de su verdadero Origen, de su verdadero Ser, de su único Creador.

Comprendí años después, una vez concluida mi ardua investigación, que aquel Creador Principal está en todo cuanto existe. Comprendí la máxima de los Iniciados: “El Todo es todo cuanto existe y todo cuanto existe, reside en el Todo” Comprendí, que la imagen y semejanza NO está en la piel o en la parte humana, si no; en su interior. Su alma es una porción de ese maravilloso Creador, por eso es eterna, incorruptible, lumínica... Pero la humanidad, se niega a desaprender y muchas veces dueña del conocimiento, insiste en Dividir, en señalar un camino hacia afuera, un guía externo, una esperanza foránea, un salvador moderno, un sistema nuevo, que, permite encontrar la sabiduría, la fuente de la verdad y de la luz, ¡lejos de ti! Y, dicho está que el Padre y Tu son ¡UNO solo!

Mientras buscamos la realización, las aguas lustrales, la salvación, evolucionar, trascender la materia lejos de nosotros mismos, PIERDEMOS NUESTRO TIEMPO.
Te conmino a aprehender esta enseñanza que hoy llega sin costo (una ganga!!) a tí... Entre el Padre y Tu NO existen intermediarios, tramitadores, traductores ni puentes.

El Único medio para llegar a él, está Dentro de Tí, humano portador de alma!!

Fraternalmente,

Jorge Enrique        

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