Otrora tiempos, existían escuelas iniciáticas de
alto valor, entre las que se difundía el día de la sagrada iniciación de los
adeptos que alcanzaban dicha honra después de haber superado todas las duras
pruebas, de vencer todas las tentaciones y absorber completamente el
conocimiento y la sabiduría impartidas; el ¡Gran conocimiento! ¡La gran Verdad!
No pronunciada antes, porque se debía alcanzar ese estatus de Mago, Maestro,
Iluminado. Aplicar a rajatablas los
principios de Saber, Osar, Callar y haber aprendido la humildad y el Amor incondicional
por la humanidad entera.
Entendiendo ¡por fin! que el término incondicional
significa, no condicionar el comportamiento, forma de pensar o ser de las
personas con las que interactúas, desde tu punto de vista; porque aquello sería
juzgar o pretender que todos los seres fueran exactamente iguales. El respeto absoluto por su libre albedrío,
aunque no sea de nuestro agrado es la ley a la que nos somete la
Incondicionalidad. No es desde ningún
punto de vista tener que soportar, aguantar, resistir el mal comportamiento de
los demás; porque si fuere así, los enfrentamientos entre El Cristo y los
sacerdotes, los fariseos y los publicanos (razón de su asesinato) no hubieran
tenido razón.
En aquellos verdaderos Templos del saber se destacaba
que el espíritu es el inmortal y, aquella información y conocimiento era dada
en las escuelas espiritualistas de otrora tiempos en la gran ceremonia mencionada
con anterioridad; La Iniciación, tanto en las escuelas egipcias como en las
griegas llevaban a cabo este sagrado ritual.
Entre los adeptos iniciados estuvieron, Hermes, Krishna, Rama, Orfeo,
Pitágoras, Platón, Zoroastro, Buda y el mismo nazareno en la escuela Esenia a
orillas del mar muerto.
Y…, ¿Cuál sagrado conocimiento era aquel, tan
celosamente guardado? Preguntarán ustedes, La Reencarnación es la
respuesta. El conocimiento de que dentro
del cuerpo absolutamente finito y mortal, residía el ¡alma inmortal! Que, la cadena de vidas sucesivas era el
método perfecto para evolucionar y poder aprender, una a la vez, las diferentes
y variadas experiencias de la vida mortal.
Que esas experiencias, nutrían el Alma, la fortalecían y este medio
único era el sistema perfecto para evolucionar.
Para, después de una involución total, regresar al Padre en el mismo
estado de pureza con que Él nos creara, para lo cual, como sólo pueden
comprender las almas avanzadas, era y es imposible alcanzar en una sola vida
terrestre.
Reencarnamos, Brian Weiss, Michael Newton, Aurelio
Mejía, Morris Netherton, Joel Whitton, Edith Fiore, nos
hablan científicamente sobre el tema. Al
reencarnar, traemos desde esas otras vidas, los dejavu de los que tanto se
habla. Recuerdos, conocimientos
técnicos, científicos, humanos, prácticos, radican en nuestro cerebro sin
haberlos adquirido en esta vida y nos sirven perfectamente para vivir y
sobrevivir en determinadas circunstancias.
La madurez y la frecuencia del Amor incondicional, sólo llegan a
nosotros cuando hemos alcanzado el grado de evolución adecuado. La práctica del Respeto a los bienes, ideas,
pensamientos, actitudes, posesiones, y cónyuges ajenos, son reglas aplicadas
por las personas evolucionadas, los demás demuestran con su irracionalidad e
instintos primarios, su naturaleza animal en acción. ¡Y lo afirmado es una segunda regla!
En definitiva, cuando hablamos de la Reencarnación nos
referimos expresamente a esto. Un espíritu inmortal que vuelve a reingresar a
la vida física. Vale la pena recordar a mis
amigas y amigos que, Resurrección significa exactamente lo mismo Volver a la
vida.
Fraternalmente,
Jorge Enrique

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