El grupo se desplazaba lentamente por el
valle, mientras mantenían un ameno diálogo, en el camino había un grupo de
pastores discutiendo acaloradamente respecto a un incidente que se había
ocasionado en el hogar de uno de ellos; todos opinaban y daban consejos al
afectado, señalando pormenores de lo que debía y no debía hacer, decir,
entender o pensar respecto al problema con su cónyuge; y, cada quien parecía
más docto que los otros al momento de opinar.
Uno de los consejeros, al ver al Maestro corrió hacia el grupo y le
dijo solícitamente…-Maestro, dígnate ayudar a este buen hombre con un consejo,
para que pueda solucionar un problema
con su esposa- Todos los pastores se acercaron al tiempo; en sus rostros, se
reflejaba la mayor expectativa. El
anciano respondió “Mis queridos hermanos, no sabría de que forma aconsejar a
vuestro amigo, puesto que nunca he estado casado, ni tenido pareja, por tanto,
soy un completo ignorante en la materia”
-Pero Maestro- dijo el que parecía ser el
jefe, -Acude a vuestro sentido común y sabiduría, no desprecies a este dolorido
hombre-
El anciano lo miró a los ojos y respondió
calmadamente… “Justamente por sentido común, no puedo opinar y eres tu quien
decodifica como desprecio mi actitud, sin saber como se encuentra mi interior”
El hombre le miro despectivamente, dio la
espalda, y mientras se alejaba farfullaba a voz en cuello: -¡Maestro de
pacotilla!- -!Si en una cosa tan simple no puedes opinar, que se puede esperar
de ti!- -Vámonos muchachos, alejémonos de quien nos desaira!- Los demás le
siguieron mientras los chavales desorientados, se miraban entre sí, sin atinar
a decir nada.
-Señor- dijo por fin Gerard; -Por qué no
asististe a ese hombre, si en tus enseñanzas nos dices que debemos ayudar a los
demás, incluso hasta sucumbir si fuera necesario- El maestro esbozó una sonrisa
que iluminó su rostro mientras invitaba
a los chicos a tomar asiento en el pastizal.
Respiró profundamente y se expresó así;
“Dar la vida por alguien que está a punto de perder la suya, es nuestra
obligación” “Entregarse hasta el cansancio extremo si fuera necesario por
conducir a un grupo o a un individuo hasta un refugio, es, indudablemente,
nuestro deber” “Más, conocer todas las respuestas, a todas las preguntas, todos
los consejos, a toda solicitud de los mismos; o, todos los medicamentos para
todas las enfermedades, es cosa de Dios y no de los hombres”
Los muchachos lo contemplaban confusos,
Josh levantó su mano y a la par, comentó: -Señor, el hombre apeló a tu sentido
común y tú nos has asegurado que aquel es una “herramienta” absolutamente
necesaria y eficaz en todas las circunstancias, entonces??.-
“Justamente mis queridos acompañantes,
justamente” “Por sentido común, como ya respondí, no te puedes atrever a decir
u opinar sobre algo que desconoces, y, ¡dejad que os diga, que cada uno de
vosotros desconoce la más mínima necesidad de cada uno de vuestros compañeros,
sin embargo, os aventuraréis a opinar sobre lo que debería o no hacer cada uno
de ellos llegado el momento de actuar”
-¿Entonces maestro, como deberíamos
actuar en un caso semejante?
“Como lo habéis presenciado, si no tienes
experiencia sobre el tema, no debes opinar lo más mínimo y, si llegases a
tenerla, deberías Sugerir y nunca decir haz, esto o lo otro, porque si algo
llega a salir mal, tú serás el culpable y no quien te hizo caso” “La sugerencia
es la más sutil de las respuestas aunque vaya cargada de la absoluta verdad”
“Y… cuidaos, porque no faltaran una docena de lenguas portadas por cuerpos con
cerebros ignorantes que os dirán que no existe una verdad absoluta, intentando
demostrar que ellos saben lo que tú no sabes”
-Y… que responder Señor?- replicó Josh. “¡Que estamos rodeados de verdades
absolutas, lo que sucede es que las desconocemos!” respondió el anciano.
“¿Queréis oír unas cuantas verdades
absolutas? SIIIIIIIII, contestaron en coro los discípulos. “Anotad” dijo el
anciano… “Dios, el Universo, la sangre, el alma, el espíritu, la luz, el
hambre, el sueño, el planeta y por encima de todas ellas, el Amor” “Pero os
aseguro que ni aún este recurso bastará para saciar la sed del arrogante, que
os pedirá pruebas irrefutables de cada cosa”
“Sin embargo y para terminar, nunca digáis que sabéis, ni aun de las
cosas que conocéis a fondo, dejad que cada quien crea a su manera e intente
imponer esa manera a los demás” “Además, os aseguro que nunca vuestras ideas,
consejos o comentarios caerán bien a la gente, porque ellos quieren oír de tus
labios, lo que ellos quieren que les digas”
Dejadme concluir con esta frase: “Os
aseguro que todas las personas con las que converséis, sabrán lo que deben
hacer los demás, pero, ignorarán completamente lo que deben hacer ellos”
Fraternalmente,
Jorge Enrique

No hay comentarios:
Publicar un comentario