viernes, 21 de septiembre de 2018

ESTÁS SEÑOR






Estás Señor en las entrañas de la mujer que espera,
estás en las montañas, en cada cosa;
en el botón de la naciente rosa y en el centro Señor, de cada esfera;
en la colorida mariposa,  estás en los bandidos y sus mañas.

Estás Señor en cada mañana y al anochecer te encuentro,
en la cima de la intrépida montaña estás, y en el candor Señor;
en la lava del volcán ardiente, en el árbol, en la flor…
en la oscuridad del invidente y en el terremoto, de epicentro.

Estás en la tierra y en los cielos, en el pastor y en sus ovejas
en el nevado frío y en el calor de los infiernos,
te encuentras en la ira, en los celos, en el preso tras las rejas…
en la primavera, en el río y en la inundación de los inviernos.

Estás Señor en el amor que siento, estás en el fondo de la gruta
en lo profundo de los mares, en el desierto yermo…
Estás en la brisa, en el viento; en el aliento del enfermo;
en el Cantar de los Cantares y en los besos de la prostituta.

Estás en las manos de la madre, en el Alce y en la Danta,
en los pechos que amamantan y en los bellos ojos de mi amada;
estás, en las manos de rivales que se matan, estás Señor, en mi morada. . .

Estás en la tierra extra poblada,
en la guerra, el trueno, la nieve, en la paz, en la calma.
Estás Señor, en la dulce mirada de los niños; y en mi alma.

Fraternalmente,

Jorge Enrique


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