Estás
Señor en las entrañas de la mujer que espera,
estás
en las montañas, en cada cosa;
en
el botón de la naciente rosa y en el centro Señor, de cada esfera;
en
la colorida mariposa, estás en los
bandidos y sus mañas.
Estás
Señor en cada mañana y al anochecer te encuentro,
en
la cima de la intrépida montaña estás, y en el candor Señor;
en
la lava del volcán ardiente, en el árbol, en la flor…
en
la oscuridad del invidente y en el terremoto, de epicentro.
Estás
en la tierra y en los cielos, en el pastor y en sus ovejas
en
el nevado frío y en el calor de los infiernos,
te
encuentras en la ira, en los celos, en el preso tras las rejas…
en
la primavera, en el río y en la inundación de los inviernos.
Estás
Señor en el amor que siento, estás en el fondo de la gruta
en
lo profundo de los mares, en el desierto yermo…
Estás
en la brisa, en el viento; en el aliento del enfermo;
en
el Cantar de los Cantares y en los besos de la prostituta.
Estás
en las manos de la madre, en el Alce y en la Danta,
en
los pechos que amamantan y en los bellos ojos de mi amada;
estás,
en las manos de rivales que se matan, estás Señor, en mi morada. . .
Estás
en la tierra extra poblada,
en
la guerra, el trueno, la nieve, en la paz, en la calma.
Estás
Señor, en la dulce mirada de los niños; y en mi alma.
Fraternalmente,

No hay comentarios:
Publicar un comentario