Cada día me enfrento a la disyuntiva de encaminar mis
acciones o comportamiento por la ruta de mi consciencia. Al despertar me
entrego por entero en mente, cuerpo físico, emocional y etérico a mi Ser o
Alma, para que sea Él/Ella, quien dirige cada uno de mis pasos. Lo hago con fe,
esperando que ese día mí divino Ser me emplee y haga que actúe de la manera que
él desea que lo haga.
Sin embargo, al introducirme en las labores del día,
sean estas complicadas, laboriosas o no; me pierdo de mí mismo y resulto
haciendo, viendo, hablando o actuando de una manera que es totalmente contraria
a lo que esperaba, pensaba, creía, que iba a ser. A veces, me doy cuenta de que
no estoy actuando como debiera, como me gustaría a mí mismo que fuera, pero;
como autómata sigo en la mecánica del asunto en que me encuentro; para luego,
tener una especie de resaca espiritual, física y moral si se quiere, por no
haber podido dominar los impulsos marcados a través de los años en mi mente y
cambiar los patrones de mi mundo interior de una vez por todas.
La serie de preguntas que han nacido en mi interior son:
¿Soy un adicto?
¿Es adictivo vivir bajo los patrones con los que fui
educado, formado, capacitado? ¿Se convierte en una adicción la aplicación de la
rutina diaria? Tal me parece. Me da la
sensación que los humanos, vivimos bajo la influencia de un cúmulo de emociones
adictivas, que al ser repetidas una y otra vez a lo largo de los años; un tiempo
después, nos obligan a ser ejecutadas, repetidas, copiadas, dependiendo de
ellas para sentirnos bien con nosotros mismos, más aún cuando varias de
aquellas prácticas llegan a ser placenteras en uno u otro sentido y grado.
¿Podríamos decir entonces que; el libre albedrío llega
a ser tan, tan, tan absoluto, que nos permite generar nuestras emociones,
juegos, placeres, practicas, labores y pensamientos, incluso, hasta perdernos
de nosotros mismos y lo que es peor de nuestro Ser interno?
¿Resultaría entonces que el juego de la vida consiste
en descender de nuestro perfecto estado átmico al planeta, tomar un cuerpo
físico dirigido por un Ego e iniciar una justa sin reglas llamada vida, en la
que el ego tratará por todos los medios y a toda costa, que el ser humano se
olvide de que es un alma experimentando
la dimensión física a través de un cuerpo, y, se pierda en las desconocidas,
oscuras, placenteras, lujuriosas, profundas, alegres, divertidas, maliciosas,
eróticas, puritanas, envidiosas, egoístas, mentirosas, odiosas, rencorosas,
abyectas y pueriles dimensiones de la existencia, y sumiéndose cada vez más en
el más profundo y tenebroso pozo del olvido de sí mismo, sus lumínicos e
intrínsecos valores, sus poderes, capacidad y procedencia?
Decididamente ganará quien venza a su contrincante en
la desigual lucha.
Desigual porque
el alma poseída por el más absoluto respeto al libre albedrío, retrotrae sus
poderes y capacidades, para darle paso al agresivo ego, que envalentonado, por
la permisibilidad de su contendor, abusa de sus armas y poderes antes
descritos. ¿Cómo vencer entonces? ¿Cuáles son los medios, los métodos y los
sistemas a través de los cuales podamos eludir el acoso de los mencionados instrumentos del ego? Instrumentos que toman
dimensiones descomunales cuando son apoyados por el marketing, la publicidad,
las industrias, la pornografía, el erotismo, los medios, las industrias
farmacéuticas, los monopolios y por una tremenda y portentosa falta de
consciencia, o mejor dicho de conocimiento para manejar la consciencia en
nosotros mismos.
El sólo hecho de caminar por las calles de una ciudad,
nos distrae. Las personas, los escaparates, los autos, el estar velando por nuestra
integridad física, las mujeres bellas o los hombres guapos (según el sexo que
tienes), el celular, la tecnología ocupan nuestra mente, a tal punto; que nos
olvidamos no solo de nosotros mismos, si no; que en ocasiones olvidamos lo qué
íbamos a hacer o comprar en un lugar determinado y cuya compra o diligencia fue
la razón que nos llevó a la calle.
Como dice Chopra “Pagamos para estar lejos de
nosotros” El cine, los conciertos, la ópera ocupan gran parte de nuestro
interés. Y, en el recogimiento de nuestra casa, nos dedicamos a mirar la
televisión horas enteras y las noticias a la hora de consumir nuestros alimentos.
Las amas de casa, dedican una buena parte de su tiempo a las tareas del hogar y
el cuidado de los niños, y quienes laboran, ocho horas de su tiempo dedicados a
sus responsabilidades profesionales. Todos ellos pasando por alto la parte
intrínseca de su ser, ya que las tareas del trabajo exigen total entrega,
eficacia y eficiencia.
Al llegar a casa en la noche, cansados, solo pensamos
en descansar, obviamente después de experimentar las dulzuras y placeres del sexo, cuando se puede y tiene
pareja. Luego… dormimos plácidamente seis, siete u ocho horas y; ¡A repetir la
rutina diaria!
Entonces ¿Cuál es el tiempo, método, o sistema para
estar con nosotros mismos, meditar, interiorizarnos, concentrarnos en las cosas
del espíritu? ¿Cómo, cuándo, donde, con quien,
procuramos el momento, la forma adecuada para buscar el reino de Dios y
su justicia y esperar que se nos otorgue lo demás por añadidura, si estamos
mecanizados, automatizados, robotizados (que a fin de cuentas son lo mismo),
inducidos, lavados de cerebro desde que nacimos y crecimos bajo los
tradicionales métodos adoptados por la sociedad desde la edad de piedra? Criados bajo la sombra de una serie de
religiones obsoletas, arcaicas, dogmáticas, contradictorias desde su esencia
misma, (las contradicciones de la biblia son las más grandes incongruencias de
cualquier escrito hasta la fecha), llenos de ritos, ademanes, creencias y
servilismo estúpido, crecemos entiendo que eso es amar a Dios.
Despersonalizados a partir del momento en que nuestros conceptos, creencias,
ideas, interpretaciones de los libros “sagrados” y rituales religiosos, no son
aceptados, si no; impuestos. Religiones donde se entrega lo más sagrado del ser
humano, como humano; en las manos de otro ser humano que, porque viste de una
forma determinada y vive espléndidamente a nuestras costillas, tiene una
credencial expedida por Dios en persona para que lo represente en la tierra. Y
no solo eso, si no; que lo que una, desuna, maldiga o bendiga en la tierra,
será automáticamente asimilado por el hacedor en el cielo, quien a pesar de ser
Infinitamente, Bueno, Justo, Amoroso y Misericordioso, te condena por toda la
eternidad, exactamente como lo hace su representante.
Estos dogmas de pacotilla, como el de vivir como se te
dé la gana y luego arrepentirte e irte al cielo, tienen a la humanidad
encadenada a una fe de cartón, expresada únicamente con palabras una veces y
otras con la creencia absoluta de que Dios velará por nosotros y los nuestros,
sea cual sea la manera de comportarnos, aplicar, o aplastar los mandamientos;
especialmente el del amor.
Todos estamos esperando a que Dios se manifieste en
nuestras vidas como hemos visto en la televisión que sucede en la de otras
personas. Aprendemos entonces que existen los milagros y que son gratis, por
eso, pasamos la vida entera esperando a que suceda el nuestro…
Fraternalmente,
Jorge Enrique








