Parte de la
filosofía que trata del ser, de sus principios, de sus propiedades y de sus
causas primeras.
Burgos Stone dice
que la explicación más sencilla de la palabra metafísica es Meta del termino griego introducir, y, Física en el interior del físico. Es decir, introducir dentro de nuestro
corazón o nuestra alma todo lo que nos rodea y allí en lo más recóndito, buscar
el sustento tripartito. La nutrición del
cuerpo, de la mente y del espíritu.
Deepack Chopra, lo plantea de una manera más fácil de comprender; “Vivir
con referencia al espíritu” Vivir, no con referencia a lo externo sino a lo
interno, consultar a ese maravilloso ser interior y convertirlo en nuestro
cotidiano consejero. ¡Esa es la clave!
Para los que incursionan en ella, el mayor
problema de todos en el campo estriba en la inercia. En ese estancamiento que produce “el saber”
sin conocer. Es decir, el conocimiento
intelectual y el absoluto desconocimiento práctico de cada ejercicio, la
aplicación de cada ley, la pronunciación y actualización a cada instante de los
sonidos sagrados o mantrams, la aplicación de la respiración inteligente, la
absorción de luz en cada momento, la
irradiación de la misma de forma consciente y la aplicación de la fe con
absoluta constancia.
¿De qué sirve
saber que en nuestro pueblo existe una cascada si no la visitamos nunca y por
ende desconocemos su belleza? ¿Para qué
nos sirve concluir que la sabiduría es el máximo de los conocimientos y
galardones si no vamos en procura de ella?
¿Con qué objeto concluimos que Dios posee la solución de cada uno de
nuestros problemas si cuando ponemos la solución de ellos en sus manos, al
minuto estamos desconfiando de su grandeza? Y por último, cabe preguntarnos ¿De
qué sirve poseer el más fértil de los terrenos si no sembramos en el ni
siquiera cactus? ¿Para qué ser el dueño del manantial si no bebemos de él?.
Expresado de otra
forma, el hombre se precia de ser un Dios en miniatura y con ello se
conforma. Solo con saberlo se siente
grande e importante y por supuesto, ¡le basta para presumir!. Sin embargo, pese a habitar entre los
mortales “miles de representantes de Dios en la tierra”, ésta sigue inmersa en
la desolación, el hambre, la explotación, el egoísmo, la envidia y la guerra.
Los jinetes
del Apocalipsis campean sobre la faz de la tierra y el hombre; sabio,
conocedor, científico, estudiado, docto y en fin amo y señor del mundo. . . no
los ha descubierto, ni los ha visto galopar, ni ha vislumbrado el polvo de la
desesperanza levantándose a sus espaldas.
El hombre no está ciego. ¡Quiere
estarlo! Él ve, la fina línea de los
autos de lujo, o las curvas de las mujeres que convencidas de la belleza de su
cuerpo dejan agusanar sus cerebros por los parásitos de la vanidad, la lascivia y la
coquetería. Cuenta con avidez los
dineros que llegan a sus arcas provenientes de la explotación de sus congéneres,
atesora bienes y se hace dueño de una cantidad de objetos que posteriormente se
adueñan de él y lo someten. Observaremos
a estas personas sufrir las penas del infierno porque le rayaron el carro, se
le perdió el reloj, se le cumplió el seguro, o; porque no llegó el guardián que
cuida sus ”tesoros”. Veremos al
profesional de cualquier rama ponerse pálido porque le dicen “señor” no le
llaman por su título. Y es natural que empalidezca!
Si no sabe lo que es el señorío. Todas
estas personas valen por lo que tienen.
Sean títulos o propiedades.
Desconocen su valor intrínseco y al desconocerlo ¡Qué poco valen!
Lo único que vale
la pena es intentar llegar al dominio de sí mismo, porque con el dominio
propio, viene el de los demás. Se gana
una autoridad divina porque al conocerse uno, ¡conoce a los demás! Es lógico,
al descubrir el funcionamiento de nuestra mente, nuestros cuerpos áuricos, al
dominar o controlar nuestras emociones alcanzamos la soñada inteligencia
emocional. Entonces, nos convertimos en
dueños de nosotros mismos, nadie nos maneja, nadie nos manda, excepto la
divinidad que reina dentro de nosotros y que el Cristo nos ponderara varias
veces advirtiéndonos que el reino de Dios estaba dentro de nosotros.
También se lee en uno
de los evangelios estas aparentemente enigmáticas frases “Lo que hoy oculto
está, mañana será gritado desde las azoteas”
Precisamente se refería a los conocimientos metafísicos, a la angelología
y a la teosofía que en aquellos tiempos recibían el nombre de ciencias
ocultas. Ocultas porque era prohibido
hablar de ellas con personas “comunes” (léase no iniciadas) con el ánimo de no
arrojar “perlas a los cerdos”. Aquel
ocultismo, es hoy uno de los mayores comercios del mundo. Los libros sobre estos temas, son los más
vendidos en el mundo y, desgraciadamente, los menos comprendidos. ¡Tantos autores tratando el mismo tema, desde
todos los ángulos! Pero, volvemos al comienzo.
Mientras no practiquemos y vivamos (el reino de Dios no es letra muerta)
lo que aprendemos, nunca lo conoceremos¡.
Y la aceptación de éste principio es vital. Saber no es conocer. Personalmente, Yo sé que existen muchas cosas
que no he visto o que no he experimentado, sin embargo no las conozco, y por lo
tanto, sigo siendo un ignorante en aquellas materias.
Está dicho que el
reino de los cielos es para los valientes.
¡Toma coraje lector y láncese a la más hermosa de todas las
conquistas!. Haga lo de Hércules; vénzase
si mismo. Y entonces... descubrirá que
en realidad usted es Un Dios en miniatura.
Transcribo textualmente la respuesta que diera Sai Baba al reportero
británico que le preguntó si era cierto que él era un Dios; “Claro que lo soy,
y tu también. Solo que tu no te acuerdas
y yo sí”
Con profundo amor,
Jorge Enrique

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