lunes, 26 de junio de 2017

LA METAFÍSICA


Parte de la filosofía que trata del ser, de sus principios, de sus propiedades y de sus causas primeras.

Burgos Stone dice que la explicación más sencilla de la palabra metafísica es Meta del termino griego introducir, y, Física en el interior del físico.  Es decir, introducir dentro de nuestro corazón o nuestra alma todo lo que nos rodea y allí en lo más recóndito, buscar el sustento tripartito.  La nutrición del cuerpo, de la mente y del espíritu.  Deepack Chopra, lo plantea de una manera más fácil de comprender; “Vivir con referencia al espíritu” Vivir, no con referencia a lo externo sino a lo interno, consultar a ese maravilloso ser interior y convertirlo en nuestro cotidiano consejero.  ¡Esa es la clave!

Para los que incursionan en ella, el mayor problema de todos en el campo estriba en la inercia.  En ese estancamiento que produce “el saber” sin conocer.  Es decir, el conocimiento intelectual y el absoluto desconocimiento práctico de cada ejercicio, la aplicación de cada ley, la pronunciación y actualización a cada instante de los sonidos sagrados o mantrams, la aplicación de la respiración inteligente, la absorción de luz en cada momento,  la irradiación de la misma de forma consciente y la aplicación de la fe con absoluta constancia.

¿De qué sirve saber que en nuestro pueblo existe una cascada si no la visitamos nunca y por ende desconocemos su belleza?  ¿Para qué nos sirve concluir que la sabiduría es el máximo de los conocimientos y galardones si no vamos en procura de ella?  ¿Con qué objeto concluimos que Dios posee la solución de cada uno de nuestros problemas si cuando ponemos la solución de ellos en sus manos, al minuto estamos desconfiando de su grandeza? Y por último, cabe preguntarnos ¿De qué sirve poseer el más fértil de los terrenos si no sembramos en el ni siquiera cactus? ¿Para qué ser el dueño del manantial si no bebemos de él?.

Expresado de otra forma, el hombre se precia de ser un Dios en miniatura y con ello se conforma.  Solo con saberlo se siente grande e importante y por supuesto, ¡le basta para presumir!.  Sin embargo, pese a habitar entre los mortales “miles de representantes de Dios en la tierra”, ésta sigue inmersa en la desolación, el hambre, la explotación, el egoísmo, la envidia  y la guerra.

Los jinetes del Apocalipsis campean sobre la faz de la tierra y el hombre; sabio, conocedor, científico, estudiado, docto y en fin amo y señor del mundo. . . no los ha descubierto, ni los ha visto galopar, ni ha vislumbrado el polvo de la desesperanza levantándose a sus espaldas.  El hombre no está ciego.  ¡Quiere estarlo!   Él ve, la fina línea de los autos de lujo, o las curvas de las mujeres que convencidas de la belleza de su cuerpo dejan agusanar sus cerebros por los parásitos  de la vanidad, la lascivia y la coquetería.   Cuenta con avidez los dineros que llegan a sus arcas provenientes de la explotación de sus congéneres, atesora bienes y se hace dueño de una cantidad de objetos que posteriormente se adueñan de él y lo someten.  Observaremos a estas personas sufrir las penas del infierno porque le rayaron el carro, se le perdió el reloj, se le cumplió el seguro, o; porque no llegó el guardián que cuida sus ”tesoros”.  Veremos al profesional de cualquier rama ponerse pálido porque le dicen “señor” no le llaman por su título.  Y es natural que empalidezca! Si no sabe lo que es el señorío.   Todas estas personas valen por lo que tienen.  Sean títulos o propiedades.  Desconocen su valor intrínseco y al desconocerlo ¡Qué poco valen!                 

Lo único que vale la pena es intentar llegar al dominio de sí mismo, porque con el dominio propio, viene el de los demás.  Se gana una autoridad divina porque al conocerse uno, ¡conoce a los demás! Es lógico, al descubrir el funcionamiento de nuestra mente, nuestros cuerpos áuricos, al dominar o controlar nuestras emociones alcanzamos la soñada inteligencia emocional.  Entonces, nos convertimos en dueños de nosotros mismos, nadie nos maneja, nadie nos manda, excepto la divinidad que reina dentro de nosotros y que el Cristo nos ponderara varias veces advirtiéndonos que el reino de Dios estaba dentro de nosotros.

También se lee en uno de los evangelios estas aparentemente enigmáticas frases “Lo que hoy oculto está, mañana será gritado desde las azoteas”  Precisamente se refería a los conocimientos metafísicos, a la angelología y a la teosofía que en aquellos tiempos recibían el nombre de ciencias ocultas.  Ocultas porque era prohibido hablar de ellas con personas “comunes” (léase no iniciadas) con el ánimo de no arrojar “perlas a los cerdos”.  Aquel ocultismo, es hoy uno de los mayores comercios del mundo.  Los libros sobre estos temas, son los más vendidos en el mundo y, desgraciadamente, los menos comprendidos.  ¡Tantos autores tratando el mismo tema, desde todos los ángulos! Pero, volvemos al comienzo.  Mientras no practiquemos y vivamos (el reino de Dios no es letra muerta) lo que aprendemos, nunca lo conoceremos¡.   Y la aceptación de éste principio es vital.  Saber no es conocer.  Personalmente, Yo sé que existen muchas cosas que no he visto o que no he experimentado, sin embargo no las conozco, y por lo tanto, sigo siendo un ignorante en aquellas materias.

Está dicho que el reino de los cielos es para los valientes.  ¡Toma coraje lector y láncese a la más hermosa de todas las conquistas!.  Haga lo de Hércules; vénzase si mismo.  Y entonces... descubrirá que en realidad usted es Un Dios en miniatura.  Transcribo textualmente la respuesta que diera Sai Baba al reportero británico que le preguntó si era cierto que él era un Dios; “Claro que lo soy, y tu también.  Solo que tu no te acuerdas y yo sí” 

Con profundo amor,


Jorge Enrique 

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