lunes, 16 de enero de 2017

LOS CANTOS DE SIRENA

El maestro despertó de su siesta por el alboroto que hacían los muchachos que discutían acaloradamente, defendiendo sus respectivas posturas, referentes a un tema en particular


 Sonreía mientras se rascaba la cabeza, se puso de pie y, como por arte de magia se hizo el silencio por un par de segundos, para reiniciar con más fuerza el barullo mientras corrían hacia él. “¡Atentos potrillos!” Dijo el anciano levantando la voz. “¿Que bicho os ha picado?” “¿Acaso el sol ha recalentado vuestros cerebros?” Los chicos se calmaron, llegaron hasta él y varios preguntaron a la vez -¿No es cierto maes..?- “¡Uno a la vez!” profirió el anciano mientras reía a placer. “A ver, tu, Fabian que casi nunca hablas y ahora te veo con impulsos de hacerlo; empieza tu” 
El aludido, se quitó la gorra, pasó la mano por su hirsuto cabello y dijo: -Señor, hablábamos respecto a las diferentes escuelas y disciplinas llamadas metafísicas, místicas, ocultistas y similares y yo sostengo que la mejor de todas ellas es el reiki, pero no todos mis hermanos y amigos están de acuerdo y aducen que otras son las mejores- -¿Qué dices tu maestro?-
“Y tu que dices Adrian” preguntó el anciano; -Sin lugar a dudas, las más importante por tradición y antigüedad es la Rosacruz y, san se acabó- Las risas estallaron a espaldas de Adrian, que miró mosqueado al maestro, pero este se dirigía a otro de sus compañeros, “¿Tu que tienes que decir Gerard?”
El más alto y fornido del grupo se puso de pie y aseguró -A mí nadie me quita de la cabeza que el Zen es la disciplina más importante para el espíritu, seguida del Tai Chi y las artes marciales Señor- Tensó los músculos de todo su cuerpo y se relajó soltando un suspiro.  El Maestro le sonrío afablemente mientras dirigía la vista hacia el grupo, observando que  Uziel, tenía levantada su mano derecha, “Dime hijo...” -Señor, no sé por qué mis compañeros y hermanos del alma, no alcanzan a comprender los beneficios innegables de las enseñanzas de Saint Germain, y las afirmaciones y decretos del Yo Soy-
-Maestroooo- gritó Alain, -Despues de la religión católica no existen si no; las sombras-
“Y tu Josh”, preguntó el Maestro, “¿No tienes nada que decir?”  
-Maestro, la verdad es que me dejan perplejo los razonamientos de mis hermanos, ya que están pasando por alto, a la más importante de todas las escuelas y disciplinas del mundo- Me refiero a los monjes del Tibet y sus enseñanzas, que han dado luz a la humanidad a través de los siglos-
Se hizo el silencio, la expectativa iba in crescendo a medida que el Maestro los observaba con mirada pensativa…
“Veamos” dijo por fin. 
“Debo entender que las noticias y ventajas que han llegado hasta vosotros, proviene de la publicidad hecha por personas que pertenecen a los grupos o sectas prenombradas, por folletos que llegaron hasta vuestras manos o de cualquier otro tipo” “Me veo en la obligación de haceros unas cuantas preguntas, para dejar en claro la situación” “¿De acuerdo?”
-¡De acuerdoooo!” rugió el grupo.
“Perfectamente” “Entonces; ¿Cuáles son los nombres de los Maestros y Maestras que han salido de esos grupos o sectas, que han ido a engrosar el listado de los grandes maestros?”  Silencio… El anciano sacó un papel y un lápiz...  “Dictadme, ¿A quién agrego debajo de Cristo, Mahoma, Budha, Gandhi, o Sai Baba?  Llevando el lápiz hacia el papel, se dispuso a escribir… Silencio y estupor…
“Pero, “¿Cómo es posible, que siendo tan importantes vuestras escuelas, doctrinas o sectas, no haya un solo nombre que agregar a esta lista?”
“¿Es que queréis mantener en el anonimato los nombres de tan excelsas personas?”  “¿Comprendéis lo que quiero decir?” Nadie movió siquiera un dedo.
“Pues quiero decir”, prosiguió el anciano; “Quiero decir que NO existen, quiero decir que si no hay nadie que engrose la lista, ha salido de esos… centros de estudios trascendentales, no son tales, son simplemente un espejismo en el que millones de personas necesitan entrar, para poder dar sentido a sus vacías existencias, carentes de la fuerza y vivificación del espíritu”.
“Simplemente, os aseguro que, todas y cada una de ellas son un…”
“Un simple canto de sirenas”.

Fraternalmente,

Jorge Sánchez 


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